El solsticio de invierno es el punto en que el Sol se aleja más de la Tierra, teniendo el día más corto y la noche más larga del año.
Con la llegada del solsticio de invierno, entre el 20 y el 25 de junio, los pueblos originarios celebran “el regreso del sol", en que el Padre Sol (Chau anti, Tata Inti) inicia su acercamiento hacia el planeta. Este fenómeno natural marca la finalización del período de cosechas y se celebra en cada cultura originaria, exceptuando a los pueblos Kaweskar y Yagán, que no han incorporado esta tradición en sus costumbres.
Para los pueblos quechua, aymara, kolla, rapanui y mapuche, que tienen una economía agraria, este año nuevo es una época de purificación y renovación. “No sólo la tierra cambia. Los animales mudan su pelaje, las semillas se preparan para comenzar a crecer. En la cosmovisión originaria, nosotros también debemos reflexionar acerca del período que se va y purificarnos con el nuevo sol que nace”.
El pueblo Mapuche celebra el We tripantu, esperando hasta el amanecer el "nuevo sol que regresa". La ceremonia comienza antes de que el sol se oculte en el horizonte. Entonces se realiza el Yeyipun, con la presencia de los invitados invocándose a los antepasados de "los cuatro abuelos", ceremonia que es dirigida por una o un machi, o por el lonko (jefe, cabeza) del lugar.
Los rapanui, en la Isla de Pascua, al inicio del solsticio de invierno realizan Aringa Ora o Koro, culto a los antepasados, frente a los altares ceremoniales, llamados "Ahu Moai". El rito simboliza una nueva temporada de siembra de los recursos naturales, tanto terrestres como marinos. Se rinden homenajes a los patriarcas de las familias, junto a los linajes y parientes de la comunidad, junto con un gran curanto "Ainga Oro o Kora".
Para los aymaras, el retorno del Sol, llamado "wilka kuti o Inti Kuti", significa el nacimiento de otro ciclo de vida. Se festeja el inicio de un nuevo año agrícola, demarcando la época de siembra, de la cosecha, sequía y lluvia. En el norte de Chile, las comunidades aymaras, celebran el Machaq Mara, con la participación de numerosas comunidades y organizaciones aymaras, con un acto ritual a la salida de los primeros rayos del Tata Inti.
La festividad de año nuevo está basada en la armonía con las fuerzas ecológicas y cósmicas que hoy tiene otro sentido más profundo: recuperar para los pueblos originarios respeto y valoración de los derechos elementales y difusión de sus manifestaciones culturales que durante siglos no han sido consideradas.
La fuerza ancestral es tan poderosa que, a pesar de las prácticas en su contra desde la cultura hegemónica, la invisibilización, la discriminación y las profundas inequidades, aún hoy sigue luchando por estar presente en este milenio, el milenio de la vida en diversidad.

